domingo, 17 de abril de 2011

Errar, sin h
Existe una frase facilona y pegadiza con la que nuestros padres nos enseñaban que todos, en un momento dado, podemos meter la pata y que nos permite ser perdonados sin ser centro de chanzas y burlas: “el que tiene boca se equivoca”. Reflexiono, y creo que es una frase que utilizamos muchas más veces para disculparnos a nosotros mismos que para disculpar a los demás. Aunque seamos tan tonticos de “tropezar dos veces en la misma piedra”, incluso tres los más torpes…
Entre las habilidades del ser humano se encuentra la de equivocarse. Sobre todo, diría yo, cuando de relacionarnos entre nosotros se trata. Nos toca entonces recurrir a nuevas frases según la tipología de nuestro error: “las apariencias engañan”, “la primera impresión es la que cuenta”, “y parecía buena cuando la cambiamos por un botijo”… Nos equivocamos al prejuzgar, al etiquetar, y, muchas veces, al confiar…
Nos engañamos a nosotros mismos y a los demás con maquillajes y máscaras. Para ligar disimulamos una altura, un peso, una talla de pecho, que en la intimidad van a descubrirse. Fingimos. Incluso somos capaces de simular llevar una interesante conversación con la persona que nos gusta aunque no entendamos ni papa de motos, filosofía, moda, joyería fina o física cuántica… y hablando de física, ¿es esto por física?, ¿por química?, ¿tradición?, ¿estupidez humana? Que a lo mejor no sé hacer la “o” con un canuto pero… “oh, qué razón tienes en eso de que la sociedad capitalista emerge de una filosofía nihilista con el añadido de un perfil narcisista y ególatra de los líderes y la obstinación y sectarismo de los que manejan el poder en nuestra apocada civilización actual.”
Como “las palabras se las lleva el viento” hacemos promesas que no pensamos cumplir. Confiamos en el que se excusa tras habernos mentido. Creemos en las “mentiras piadosas”, el “lo hago por su bien” y el “ojos que no ven” para convencernos a nosotros mismos de que nuestro error en verdad no lo ha sido, aunque lo haya sido. ¿Nos exculpan nuestros principios del daño causado a otra persona?
Llamamos amor a quien no amamos, y nos cuesta decir “te quiero” a quien lo merece, a quien sí queremos.
Podemos sentirnos solos estando rodeados de gente.
Y el mayor de los errores… no asumirlos. Y si los asumimos, no aprender de ellos.
Así que un poquito menos de orgullo y más humildad. Entona alguna vez el “mea culpa”.
TODOS nos equivocamos, TODOS erramos, sin h.



domingo, 10 de abril de 2011

Regresión al pasado


He visto Humor Amarillo mientras comía. 
Y me ha recordado el piso donde vivíamos antes... 
Vamos, q tiene ya años, pero años años jejeje. 
Increíble lo que puede llegar a hacer un chino ¿a cambio de...? 
Guardemos un minuto de silencio por el Chino Cudeiro... :D

jueves, 7 de abril de 2011

De mayor quiero ser… ¡pequeña!

He pensado empezar el blog con algo muy relacionado con la imagen que lo representa y con su título, y es que lo tengo decidido. 
Después de muchas cábalas sobre la vida he decidido que eso es lo que quiero.
Quiero que todas mis amigas estén juntas, conmigo, en el cole y verlas todos los días (y juntas seguir toda la vida).
Quiero pintar rayajos con ceras y esa pintura de dedos, y quiero hacer esculturas amorfas de plastilina de colores remezclada (algunos lo llaman arte).
Si me mancho la ropa no pasa nada, seguro que mañana vuelve a estar limpio (se encarga una chica que viene del futuro).
No me gusta caerme y hacerme daño, pero sé que si algo ocurre vendrá mamá y con agua oxigenada y un beso curará mis heridas (pero seguiré llorando un poco más para que se quede conmigo).
Me pondré de novia con mi vecino, el que va a mi clase, y si me canso o se cansa no pasa nada porque sé que el que se sienta con él quiere ser mi novio también… y si no da igual, se acerca el verano y no pienso acordarme de novios (hasta que vuelva septiembre, y el frío, y chicos nuevos a clase).
Cambiaré cromos y hojitas de olor en los recreos (son mis riquezas y las protegeré con mi vida).
Correré tras la lluvia por los charcos (evitando pasar por donde no los haya).
Y aprenderé a montar en bicicleta y nunca se me olvidará (porque dicen que es como conducir…)
Gritaré y lloraré y patalearé porque nadie quiere comprarme esa muñeca tan preciosa, a la par que excesivamente cara, que anuncian en la tele y que tienen todas las niñas menos yo (aunque dejaré de hacerlo en cuanto nadie me vea, que me duele la garganta).
Pondré el termómetro en la bombilla y así todos creerán que estoy enferma, me cuidarán, me mimarán y me dejarán quedarme en casa viendo los dibujos en la tele (o me mandarán al colegio porque el termómetro ha llegado a cuarenta y siete grados).
Vestiré y luciré preciosos vestidos en las bodas, domingos y otras fiestas de guardar (léase también momentos de aburrimiento en casa y toda la tarde del día que me lo compren).
Usaré, y destrozaré, los zapatos de tacón de mamá y las tías (y cuando sea mayor usaré siempre deportivas).
Quiero cantar  y bailar como una descosida la canción de moda aunque todavía no me la haya aprendido bien  porque todos me aplauden igualmente (y nadie sale corriendo a por su paraguas).
Y  quiero reír y reír aunque sea por un chiste de pedos que no entiendo pero del que todos los mayores se ríen (claro, jolín, ¡a dicho pedo! Jiji )
Y sobre todo quiero ser feliz, siempre, y olvidar al instante el momento en el que no lo he sido del todo.
Lo tengo decidido, de mayor quiero ser pequeña…

¡BIENVENID@S!